Mírame. Sé que esperas mucho de mí. En mis ojos ya no hay precipicios ni muros. ¿Quieres hacer memoria? El poder de la imaginación es el motor para empezar a construir presentes que no le teman al futuro. Imaginar tanto por conocer de mí misma, tanto por descubrir, conocer, y sentirse estúpida si decido darle la espalda a todo aquello que está aún por llegar. Decido respetar y admirar a todo aquél que sigue atreviéndose a ver todo lo que se esconde bajo mi piel, en este mundo donde las necesidades priman en la mayoría de relaciones, en este mundo dónde los comodines del lenguaje nos impiden sentir y ver al otro más allá de todo lo que pueda aparentar. Decido abrir las ventanas y muros impuestos por mi mente, aniquilar las inseguridades que mi corazón ha construido, atreverme a vivir, porque sé que mejor sensación que esa nadie aún ha inventado. Y si la hay, será en el infierno, que tiñe de gris el milagro de cada despertar.
¿Cómo puedes amar tanto la vida? Me preguntas tú, que solo sabes vivir adicta al dolor, cuestionando lo desafortunada que es tu vida sin ni siquiera prestarle atención al color del cielo, al marrón que siempre se transforma en verde, al mar que después de mil oleajes es capaz de recuperar su calma, a todas las señales de la naturaleza habidas y por haber que te demuestran que cada día es una nueva oportunidad para ser. A veces, aunque parezca mentira, naufragas en el dolor y le coges tanto cariño, que te resulta una quimera pensar que puedas vivir sin él.
Oportunidades de escuchar, oler, saborear, sentirte, aprender, gritar, cantar, bailar, abrir el alma ante todo lo que te hace afortunado hoy y aquí. Oportunidades que siguen presentándose cada día ante ti.
Ha vuelto a ser un instante brevísimo, una centésima de segundo, un relámpago imposible de retener. Pero ha vuelto a ser, y es lo único que importa. Lo único. Sentir en el centro de ti mismo cómo puedes respirar la vida si sueltas el hilo que te arrastra de la pesadilla y que quizás llevas demasiado tiempo tatuado en la piel. O quizás no. Quizás se ha disuelto estos días en el mar, en medio de aquella tormenta, o lo ha matado el rayo que te cayó demasiado cerca. Quizás se ha hundido por siempre jamás.
Vivir sin el hilo se asemeja a querer reencontrar siempre el mar y desnudarte ante los horizontes aunque el agua esté turbia.
Ahora prometes recordarlo todo, la tormenta y la luz. Los amaneceres y los atardeceres. El dolor y la alegría. Que cada día puede empezar todo de nuevo, aunque no lo haya dicho ningún poeta.
Ha llegado la hora de hacer todo lo que quieras sentir. El mundo no necesita poetas. Necesita que hagas poesía con tu vida.
Cerrar los ojos, y soñar despierto.