Páginas

jueves, 16 de enero de 2014

Sevilla, un autobús.

Lara iba con unas amigas de visita a Sevilla para pasar allí unos días y de paso visitar a algunos familiares. Pasaron el primer día por la mañana paseando por el centro de la ciudad. Por la tarde, después de comer en un restaurante Lara se separó del grupo para visitar a sus tíos, que vivían a unas manzanas del centro.
Unas horas después llamó a sus amigas para preguntarles donde estaban para encontrarse con ellas, estaban bastante lejos. Lara no sabía cómo ir exactamente asique decidió preguntar a una señora mayor que pasaba por allí, le dijo que tendría que coger el autobús que se encontraba allí mismo. Así lo hizo, tomó el autobús y se sentó en el asiento que quedaba libre al lado de un chico moreno de ojos azules. Cogió su mochila y sacó un plano para ver donde se encontraban exactamente sus amigas. Pero se encontraba tan sumamente perdida que el chico se lo noto en la cara.
-¿Te echo una mano?- Preguntó.
- ¡Oh! Sí por favor.- Dijo Lara.
-¿A dónde te diriges?- Le preguntó el chico amablemente.
- Me dirijo al centro, pero no sé cuando me tengo que bajar- Contestó la chica angustiada.
- Tranquila mujer, mira-  señaló el mapa- ¿ves este punto rojo?, es el centro de Sevilla. Allí te tienes que bajar.
- ¿Y cómo sé que he llegado hasta ese punto rojo?
- ¿Ves ese cartel que hay en la salida del autobús?-señaló con el dedo hacia la puerta- cambia según en la parada que te encuentres y cuando llegues al punto rojo podrá Centro Ciudad.
- Muchas gracias, entonces ya me queda poco.- cerro el mapa y lo guardó en la mochila.
Entre ellos se hizo un silencio bastante incomodo. El chico la miro.
- Perdona, ¿Cómo te llamas?- Preguntó el chico tímidamente.
- Lara, ¿y tú?- Contestó sonrojada.
- Marco – Contestó- Por lo que veo no eres de Sevilla, ¿no?
- Que va. Soy de Madrid, he venido a pasar unos días con mis amigas con las que he quedado en el centro ahora- Contestó esbozando una sonrisa.
- Bueno creo que esta es tu parada- Contestó Marco un poco triste.
- Es cierto, pero me da pena despedirme así de ti con lo que me has ayudado.- dijo Lara- ¿Te parece que quedemos un día? Yo me marcho dentro de tres días. Toma mi número. Le dio un papel y se bajo del autobús.
Marco no puedo evitar sonreír, ya que por muy poco que conociera a Lara, le parecía una chica muy especial.
Pasaron dos días desde que Marco había visto a Lara en el autobús y no sabía nada de ella. Le daba apuro llamarla ya que a lo mejor ella pensaba mal de él. Pero necesitaba demasiado saber de ella. Finalmente se atrevió y le mando un mensaje:
- Hola soy Marco, el del autobús del otro día. Espero que te este gustando Sevilla y que estés disfrutando con tus amigas. Un saludo.
Marco no se separaba del móvil ni un segundo esperando una respuesta. Pasaban las horas y él se impacientaba esperando esa respuesta que no llegaba. Pasada tres horas recibió su ansiado mensaje.
- Hola soy Lara. Lo siento por tardar en contestar, pero estaba llegando a casa y tenía en móvil en la mochila. Me ha encantado Sevilla y he disfrutado muchísimo con ellas. Un beso.
Al recibir el mensaje, Marco se quedo muy extrañado. ¿Llegando a casa?, ¿me ha encantado?, ¿he disfrutado?, ¿a caso se ha marchado? Se le llenó la cabeza de preguntas y dudas. Necesitaba contestar y salir de aquella duda tan angustiosa.
- No pasa nada, tranquila. ¿Llegando a casa?, ¿ya te has marchado de Sevilla?
La contestación no tardo en llegar.
- Sí, ya estoy en Madrid. Lo siento por no avisarte que me marchaba antes, pero no tenía tu número y tú no me has mandado un mensaje hasta ahora. Me marche al día siguiente de verte, ya que tenía que pasarme por Córdoba a ver a unos tíos. Lo siento.
Marco se quedó blanco al ver aquella contestación. ¡Se había marchado! ¡La chica que para él era especial, se había marchado! No se lo podía creer. No sabía que contestar a aquel mensaje ya que no quería que sonara borde ni muy pegajoso de “estoy enamorado hasta los huesos de ti y eso que no te conozco de nada”. Se decidió.
- Me hubiera gustado volver a verte y conocerte un poco más, pero bueno no pudo ser. A ver si vienes pronto o voy yo a Madrid y coincidimos otra vez.
A Marco le parecía un mensaje un poco desesperado de “necesito verte”, “quedar contigo” o algo así. La respuesta no tardo ni cinco minutos en llegar. Se quedó muy extrañado.
- A mí también, me pareciste un chico encantador ya que me ayudaste sin conocerme de nada. Me encantaría volver a verte. Un beso.
Sonrío y se puso muy rojo. Marco quería verla ahora más que nunca y se estaba dando cuenta de que se estaba enamorando sin conocerla de nada. Justo en ese momento recibió otro mensaje.
- En tres meses vuelvo a Sevilla a ver a mis tíos. ¿Te parece bien que nos veamos?
Marco casi se pone a gritar de la alegría que le entró  al recibir aquella noticia. ¿Qué si le apetecía verla? No se podía ni imaginar las ganas que tenía de verla, se decía a sí mismo. Ya no pudo aguantar más la emoción y sus ganas de verla, y se le escaparon algunas palabras cariñosas.
- ¿Qué si me apetece verte? Tengo muchísimas ganas de verte. Me encanta recibir esta noticia, ahora no podre dormir en tres meses.
Marco se había enamorado completamente de Lara y en ese mensaje lo demostraba todo. Se puso muy nervioso al pensar como reaccionaria ella a su sinceridad en aquel mensaje.
-¡Oh! Creo que exageras un poco, pero yo también estoy deseando verte.
Marco se alegro un montón al ver que Lara no se lo había tomado mal. Pero entre mensaje y mensaje eran las diez de la noche y la madre de Marco lo llamaba para cenar.
- Bueno preciosa, mi madre me llama para cenar. Ya hablamos otro día y que sepas que estoy deseando que pasen estos tres meses lo más rápido posible para poder volver a verte.
Marco, en este último mensaje demostró que se había enamorado completamente de Lara y eso que no la conocía de nada. Lara aunque no lo demostraba tanto a través de los mensajes también se había enamorado de Marco.
Ambos soñaban día y noche con esos tres meses tan eternos para que se pasaran lo más rápido posible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario